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Asunción

La espiritualidad de María Eugenia de Jesús y de la Asunción.

 

Encarnación

En el centro de la visión de María Eugenia está el mundo, transfigurado por la Encarnación de Jesucristo, y dónde la Iglesia vive y actúa día tras día. De ahí, Maria Eugenia se fija dos fines íntimamente unidos entre sí : conocer y amar a Jesucristo y darle a conocer y hacer que se le ame –a El y a su Iglesia-, y extender el Reino en la sociedad. Dará como programa a la Congregación la petición del Padre nuestro: «Venga tu Reino». Sabe que la fuerza de este programa reside en la oración y en la calidad de la vida de las hermanas, y en la adoración del Santísimo Sacramento, que se encontrará en la Regla de la Congregación desde 1866. El Reino no es el resultado de una voluntad o de una acción humana sino de una gracia sobreabundante. Esta gracia convierte los corazones hacia Dios con un amor que hace que Dios y su pueblo sean el centro y la ocupación de sus vidas. La dimensión social del Reino o de la Ciudad de Dios, no es un programa político ni una ideología impuesta desde fuera, sino un camino de Vida que crea un orden interior de prioridades y valores que termina estructurando, no solo la vida de las personas, sino tambien la vida de la sociedad en el amor, la justicia y la paz.

María Eugenia de Jesús es consciente de crear algo nuevo, pero al mismo tiempo, quiere alimentarse de las riquezas espirituales de la Iglesia, de las enseñanzas de los Padres y de la vida de los Santos. Escribe: «Hay que amar las enseñanzas de la Iglesia, sus costumbres, su historia, sus tradiciones, sus devociones; hay que amarla en todo lo que nos propone, lo que ha sido y en lo que es hoy.»


Pedagogía

Espiritual, María Eugenia es también pedagoga. Su proyecto educativo nace de una doble visión: el Reino de Dios, creador y fin del hombre y de todo el universo, por una parte; y por otra, una sociedad cristiana en la que Dios sea reconocido, amado y servido. Maria Eugenia da mucha importancia a la formación de la inteligencia iluminada y guiada por la fe. En efecto, la inteligencia intenta comprender los acontecimientos, las situaciones, los desafíos; luego, la fe ayuda a la persona a juzgar todo según los criterios evangélicos del amor, de la vida, de la justicia, del Reino y, finalmente, a elegir. La educación que propone María Eugenia de Jesús se orienta a la transformación de toda la persona y favorece la libertad, dejando a cada uno su carácter particular según el proyecto de Dios sobre ella.

Maria Eugenia ha expresado la llamada a entregarse a la llegada del Reino como una pertenencia a la Ciudad de Dios en la que, según nos dice San Agustín, el amor de Dios va hasta el olvido de sí mismo, y como un trabajo para extender el Reino de Dios en nosotros mismos y en el mundo. (La Ciudad del mal es el resultado del amor de uno mismo hasta el punto de olvidar a Dios). Este camino y esta enseñanza han hecho de Maria Eugenia una santa que nos guiará, no solo a una piedad y a una felicidad personales, a la salvación "de nuestras almas", sino a entrar en la gran misión de Jesús para la salvación del mundo.

 

La joven María Eugenia Milleret, admirada por la belleza del Reino de Dios se sentía llamada a fundar una Congregación religiosa para aportar un cambio radical en la sociedad de su tiempo, haciendo que esta sociedad se dejase penetrar de los principios, los valores y la visión del Reino de Dios que Jesucristo vino a proclamar y a instaurar en la tierra. Para las Hermanas de la Asunción, como para todos aquellos y aquellas que se han sentido atraídos por Dios por la misma llamada, el Reino de Dios es un estilo de vida y una misión vividos en seguimiento de Jesús y bajo la inspiración de su Espíritu.

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