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Etapas de su vida

Ana Eugenia: Su infancia

Nace en una familia acomodada e incrédula, en 1817, en Metz, después de la derrota definitiva de Napoleón y la restauración de la monarquía. Ana Eugenia no parecía en absoluto estar destinada a trazar un nuevo camino espiritual.

Su padre, volteriano y liberal está haciendo fortuna en el mundo de la banca y en la política. De gran sensibilidad, Eugenia recibe de su madre una educación que le proporciona una gran sensibilidad y un sentido del deber. La vida de su familia desarrolla en ella una curiosidad intelectual y el espíritu romántico, un interés por las cuestiones sociales, la costumbre de una mirada amplia. Esta educación, alejada de la Iglesia, de Cristo, de la escuela, está marcada por una gran libertad unida a la responsabilidad. La bondad, la generosidad, la rectitud y la sencillez aprendidas junto a su madre le harán decir más adelante que su educación era más cristiana que la de muchos católicos muy piadosos de su tiempo. La costumbre hacía que, como su contemporánea George Sand, Ana Eugenia asistiese a Misa los días de fiesta. Había recibido los sacramentos de la iniciación cristiana sin comprometerse a nada. Su primera comunión, sin embargo, fue una gran experiencia mística que le reveló todo el secreto del futuro. Pero la niña de doce años no decía nada, ¡creyendo que todos los niños tenían una experiencia parecida al recibir la hostia por primera vez! Esto tendría un sentido profético mucho más tarde. Así, después de su conversión, escribirá que en realidad, Cristo no contaba nada en su formación.


Ana Eugenia: Su juventud

En su juventud es feliz, pero no sin sufrimientos. Su infancia está marcada por la muerte de su hermano mayor y la de una hermana de poca edad, por una salud frágil y una caída que le dejarán secuelas. Eugenia era madura para su edad, sabrá ocultar sus sentimientos y hacer frente a lo que venga. Más tarde verá, después de un período de gloria para su padre, la quiebra de los bancos, la desavenencia y la separación de sus padres, la pérdida de toda seguridad. La casa familiar, el castillo en el campo, el gran parque serán precintados y su hermano Luis, cercano por la edad y fiel compañero de juegos, irá a vivir con su padre. Se fue a vivir a parís con su madre, a la que tanto quería; la verá atacada por el cólera y desaparecer en pocas horas, dejando a su hija sola en el mundo a los 15 años. Después de un período en una familia tan mundana como superficial, Eugenia se encontrará confiada por su padre a su prima, en una familia piadosa, aburrida y sofocante. Esta herencia y estos acontecimientos son los componentes de la vida espiritual de la que será Madre maría Eugenia de Jesús. De este substrato humano en contacto con la gran Tradición de la Iglesia, nacerá la espiritualidad de la Asunción. En el umbral de su conversión, la encontramos en sus Notas íntimas, adolescente seria, de reflexión profunda y de emotividad viva, de un gran sentido común y también de una gran sensibilidad, sedienta del Absoluto y muy abierta a lo Trascendental.


Su conversión

Eugenia Milleret tiene 19 años y se prepara para presentarse en sociedad. Sabe que es guapa e inteligente; en las fiestas está alegre y atractiva. Su padre está orgulloso de ella y piensa en hacerle una buena boda. Por su parte, Eugenia, padece una soledad amarga y pasa por una crisis de inteligencia y de corazón. Pero su corazón late por las grandes causas: el futuro, el destino, la nobleza moral de nuestro país, y al mismo tiempo, busca el amor que podría llenar su vida. Por medio de esta crisis de adolescencia, cristo se le dará a conocer y decidirá la orientación de su vida. Es Cuaresma de 1836. El sacerdote Lacordaire, joven pero ya conocido por su talento de orador, predica en la catedral de Notre Dame de París. Eugenia se encuentra entre la multitud. Este antiguo discípulo de Lamennais lleno como él por la visión de una Iglesia renovada y por su papel en el mundo- Lacordaire comprende a su tiempo y quiere cambiarlo. Conoce a los jóvenes con sus interrogantes y sus aspiraciones, su idealismo y su ignorancia de Cristo y de la Iglesia. Su palabra penetra en el corazón de Eugenia, responde a sus preguntas y despierta su generosidad. Eugenia ve a Cristo como Liberador universal, y a su reino en la tierra como una sociedad fraterna y justa. Estaba realmente convertida, escribe, y había concebido el deseo de dar todas mis fuerzas o más bien toda mi debilidad a esta Iglesia que desde ahora a mis ojos era la única que aquí abajo tenía el secreto y el poder del bien. Pasando por encima de su timidez, Eugenia busca consejo en el Padre Lacordaire que la orienta hacia los estudios, y hacia la renovación de su inteligencia. Nada le parece demasiado difícil. En este momento otro predicador, también antiguo discípulo de Lamennais, entra en escena. En el confesionario, el sacerdote Combalot se da cuenta de que está tratando con un alma de élite y designa a Eugenia como fundadora de la Congregación con la que sueña desde hace tiempo. Insistiendo en el hecho de que esta fundación es la voluntad de Dios y que Dios la ha escogido para realizar esta obra, el sacerdote Combalot persuade a Eugenia para que asuma su proyecto: una obra de educación. La convence de que sólo por la educación se podrá evangelizar a las inteligencias y así transformar la sociedad de su tiempo.


Mª Eugenia de Jesús: Fundadora

A los 22 años, Mª Eugenia se convierte en fundadora de las Religiosas de la Asunción, entregadas a consagrar toda su vida y todas sus fuerzas para extender el reino de Cristo en ellas mismas y en el mundo. En 1839, con otras dos jóvenes, y bajo la mirada de una mujer, que ayudaba en la casa y que no se daba cuenta de nada, Mª Eugenia empieza una vida comunitaria de oración y de estudio en un apartamento de la calle Ferou, a la sombra de “San Sulpicio” en París. En 1841, abrirán el primer colegio con la ayuda de la Señora de Chateubriand, Lacordaire, Montalembert y sus amigos. Corre el rumor de que han rechazado magníficas bodas y que saben hablar inglés. En pocos años la comunidad contará con dieciséis hermanas de cuatro nacionalidades. M. Eugenia y los primeros miembros de la Asunción tienen la intención de unir lo antiguo y lo nuevo; unir los antiguos tesoros de espiritualidad y de sabiduría de la Iglesia en una forma de vida religiosa y de educación capaz de satisfacer las exigencias de los espíritus modernos. Se trata de asumir los valores de la época y, al mismo tiempo, inscribir los valores evangélicos en la cultura que está naciendo en esta nueva era industrial y científica. La congregación desarrollará una espiritualidad centrada en Cristo y en la Encarnación, será a la vez profundamente contemplativa y entregada a la obra apostólica. Será una vida vivida en la búsqueda de Dios, el amor y el servicio a los demás. Desde ahora habrá un estilo de vida, una manera de ser, de pensar y de actuar que serán reconocidos como “de la Asunción”.


Madre Maria Eugenia: Superiora General

Fundadora, después Superiora General responde con prontitud a las peticiones de los obispos para contribuir a la transformación de la sociedad, en el mundo, por la educación. Mª Eugenia de Jesús ha tenido una vida larga, que casi ha llenado el siglo XIX. Amaba su tiempo con ardor y participaba activamente en su historia. Progresivamente todas sus energías fueron canalizadas de una manera o de otra en el desarrollo y en la extensión de la Congregación, la obra de su vida. Dios le concedió hermanas y amigos. INIA de las primeras hermanas era irlandesa, mística y amiga íntima de Mª Eugenia, al final de su vida, podía llamarla “la mitad de mi misma”. Kate O´Neill, en religión Madre Thérèse Emmanuel, es considerada como cofundadora. El Padre Emmanuel d´Alzon, convertido en el director espiritual de Mª Eugenia poco después de la fundación será su padre, hermano, y amigo según los momentos. En 1845, fundó los Agustinos de la Asunción y los dos fundadores se ayudaron mutuamente en muchos aspectos durante cuarenta años. Los dos tenían un don de amistad y han trabajado en la Iglesia con muchos seglares. Juntos, siguiendo a Cristo, religiosos, religiosas y seglares han trazado el camino de la Asunción y han tenido sitio en la inmensa nube de testigos. En 1878, rica en experiencia de 40 años a la cabeza de las Religiosas de la Asunción, la M. Mª Eugenia se puso a reflexionar sobre el camino recorrido, el camino que el Señor le había encomendado para trazarlo con sus hermanas, con la Orden Tercera y con amigos: las actitudes y los medios que les habían ayudado, las convicciones y los criterios que les guiaron, lo que el Señor había hecho en ellas y en la Congregación. Para sus hermanas, - y para aquellos que sentirían los mismos incentivos y parecidas llamadas, que adoptarían su modo de seguir y de servir a Cristo- ha dado una serie de charlas sobre el espíritu de la Asunción, el más precioso de nuestros bienes. Mª Eugenia muere en 1898, el 10 de Marzo, rodeada de todas las superioras que vinieron a rezar alrededor de ella.

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